Esta es una revista cultural y artística, pensada para quienes sienten que este mundo cierra interfaces en lugar de abrirlas, para cualquiera que haya mantenido sus talentos en secreto; a quienes le temen al futuro laboral, a quienes buscan un espacio receptivo para compartir lo que hacen, lo que piensan o aquello que todavía no se atreven a nombrar. Nos comprometemos a leer no solo lo que ya tiene forma, sino cada esfuerzo y cada silencio. Mientras tanto, queremos compartir el nuestro.

“L’arconte 19”, guarda una historia que orienta la filosofía del proyecto. Una historia que nos acerca a ustedes, les artistas, y que, esperamos, también les permita acercarse a nosotres. Podemos rastrear su origen en la obra de Jacques Derrida, pensador que dedicó parte de su trabajo a preguntarse cómo conservamos la memoria, quién la resguarda y qué ocurre con ella cuando pasa de unas manos a otras. Serán estos los ejes de nuestro trabajo editorial y artístico.

De sus reflexiones retomamos dos conceptos: arkheîon y arkhé. El primero designaba, en la antigua Grecia, el lugar donde se custodiaban los documentos importantes y desde donde se ejercía cierta autoridad sobre ellos. Para Derrida, sin embargo, el archivo nunca es un simple depósito del pasado: es un espacio vivo, atravesado por decisiones, interpretaciones y transformaciones constantes.

En ese sentido, L’arconte 19 aspira a convertirse en un arkheîon: un lugar para reunir voces, imágenes, textos y procesos creativos que dialoguen entre sí de manera transversal y comunitaria. Por ello, dar forma a esta memoria colectiva no dependerá únicamente de quienes editamos la revista, sino también de ustedes. ¿Qué nos quieren contar? ¿Qué práctica artística conocen mejor sus manos? ¿Qué preguntas, inquietudes o deseos traerán consigo?

El segundo concepto, arkhé, remite al origen y al principio que orienta un recorrido. De allí surge la figura del arconte: aquel que cuida, interpreta y da continuidad a aquello que ha sido confiado para que lo resguarde. A primera vista, nosotres, quienes estamos “del otro lado”, podríamos parecer lxs únicxs arcontes de este proyecto. Sin embargo, creemos que el cuidado de una obra nunca se transfiere por completo de quien la crea a quien la recibe: cuando un artista comparte su trabajo, se expande la responsabilidad hacia todxs aquellxs con quienes mantenga contacto. La obra sigue perteneciendo a quien la produce, pero también evoca y posibilita nuevas formas de atención, lectura y cuidado. Es así como entendemos a la revista no como una mera plataforma de exhibición sino como un ejercicio colectivo de acompañamiento; de memoria.

Todes aquí seremos, de algún modo, arcontes. Queremos observar con detenimiento y hacernos responsables de los vínculos que construimos —con las obras creadas y con los miembros y artistas que entrelazan la comunidad—. Cuidar una obra —un texto, una imagen, una idea— también implica cuidar a quienes la hacen posible; proteger otras memorias, otros procesos y otros archivos, incluso —quizás, sobre todo— cuando no sean los propios.

L’arconte 19 nace de esa convicción: la cultura no se conserva únicamente guardando las huellas del pasado, sino al crear diariamente las condiciones para que nuevas voces encuentren un lugar donde ser escuchadas. Agenciando, en palabras de Benjamin, los ahoras y los otroras.

El 19 es un umbral hacia el pasado –y, como tal, también hacia nuestro futuro–. En Francia, en el 1431, Juana de Arco es quemada en la hoguera, a los 19 años. Retomar la figura de Juana implica repensar cómo nos hemos relacionado con los mártires y nuestros personajes disidentes a lo largo de la historia. En este caso, como en muchos otros, ella nos ofrece una doble mirada en torno a las consecuencias de una fe tan profunda que termina con vidas humanas, ofrendando títulos a cambio. ¿Si la función de un mártir es simplemente morir a los pies de la fe, entonces la de ésta última sería avivar la llama del incendio?

Comprendemos que trabajar con las problemáticas del archivo y la memoria implica sujetos activos y políticos que pongan en funcionamiento constante las categorías del olvido y el recuerdo —entre otras—. Les convocamos a ustedes a pronunciar palabras perdidas a través del grito iracundo de políticas fallidas, de la representación ardiente de sus mártires personales, para proponer alternativas artísticas y humanas a nuestras dolencias colectivas. Así como Juana, el arconte moriría por el objeto. ¿Ustedes, por qué están dispuestos a morir? 

Bienvenides.